Guelaguetza, una fiesta de orgullo oaxaqueño

El auditorio al aire libre en la montaña ceremonial de Oaxaca, el Cerro del Fortín, con vista a las montañas y valles que realzan esta hermosa ciudad, está lleno con más de 15,000 personas el día de hoy. Son las 5 pm del 27 de Julio, la última presentación del año para la Guelaguetza, uno de los más grandes festivales folklóricos de las Américas. Espectadores vienen de todo el mundo para ver este evento mágico. Mujeres y hombres en seda brillosa, disfraces dorados y con listones, adornados con cinturones rojos, listones en el cabello, sombreros dorados y joyería elaborada, presentan sus ofrecimientos por cuarta vez esta semana; un baile a los dioses y a la multitud. Vienen desde las siete regiones de todo el estado -culturalmente rico-  que va desde los Valles Centrales, Sierra Juárez, la Cañada, Tuxtepec, Mixteca y el Istmo de Tehuantepec, hasta lo más lejano de las regiones costeras.


El auditorio del Cerro del Fortín lleno de alegría, música y colores

Cada danza es presentada con un grito en español y otro en su lengua nativa. Los gritos son seguidos por las danzas folklóricas antiguas del pueblo, de las cuales en su mayoría, son muestras de coqueteo y persecuciones, donde la mujer menea su colorida falda alrededor del hombre, quien se quita el sombrero y baila para alcanzarla.

Los primeros tres movimientos ocurren durante la caída del sol. Con gracia, la mujer de San Jerónimo Tecoatl, desde la región de la Cañada, danza por el escenario mientras sus trenzas negras se ondean. El grupo joven de hombres y mujeres en vestimentas blancas luminosas de San Melchor Betaza de la Sierra del Norte galopa al ritmo de la tambora, mientras la multitud aplaude. En Zapoteco, Guelaguetza significa “intercambio recíproco de regalos”, y esto define cada presentación. Los bailarines agradecen a la audiencia después de cada baile, hurgando en sus canastas hechas de palma, y arrojando pan, tortillas y flores a la multitud.

La historia de la Guelaguetza es como muchas del mundo Mesoamericano, un sincretismo de creencias indígenas y tradiciones entrelazadas con los conceptos Católicos de adoración. Antes de la conquista los aztecas dominaban el valle de Oaxaca. Celebraban danzas ceremoniales a cambio de lluvia y cosechas abundantes, dando particular importancia a Centéotl, la diosa del maíz. Sin embargo, como nos han mostrado las historias de conquista y colonización, las tradiciones fueron transformadas para siempre. Tras la llegada de los españoles en el siglo XVI, en el intento de convertir al pueblo indígena, los conquistadores prohibieron la adoración a Centéotl y destruyeron su templo. Pero esto no aminoró el fervor indígena por sus creencias que encontraron similitudes entre sus dioses antiguos y algunas imágenes católicas. Sobre el antiguo “Teocalli” azteca y al pie del cerro El Fortín se construyó el templo del Carmen Alto.

Durante años, varios pueblos indígenas adoraron a Centéotl en secreto, o conservaron pequeños festivales en su honor.  Cuando Oaxaca celebró sus 400 años, en 1932, se realizó el “Homenaje Racial” donde se congregaron los pueblos de casi todas las etnias oaxaqueñas para danzar y mostrar sus hermosos trajes típicos. La celebración lucio tanto que permaneció como fiesta anual.

Hoy en día, muchas de las ceremonias muestran signos de influencia Católica. El pueblo de Tlacolula de Matamoros, por ejemplo, no realiza danzas folklóricas sino una procesión en honor a la Virgen.

Mientras, en el auditorio, una atmósfera emocionante rodea a la multitud, con puestos tratando de vender sus bebidas, comida y recuerdos en medio de los dulces sonidos de la música folklórica. Mientras los asistentes esperan impacientemente por la siguiente presentación.

Las mujeres de Villa Hidalgo Yalalag de la Sierra Norte están vestidas en huipiles largos y coloridos, con una pañoleta negra muy particular en sus cabezas. Es la cuarta de quince presentaciones esta tarde, y cuando comienzan a bailar, la lluvia viene a danzar en nuestras cabezas. Unos padres jóvenes cerca de mí, que son de Oaxaca, asisten a dos actuaciones de la Guelaguetza cada año. Se encuentran resguardando a su bebé de ocho meses con un impermeable plástico. “No nos perderíamos esto por nada en el mundo, nuestra cultura es importante para nosotros”, dice Jimena. Le ofrezco a ella y al bebé cubrirlos con mi paraguas y ella me ofrece un poco de comida que llevan. El concepto de compartir de la Guelaguetza se transmite a través de nuestras manos.

La lluvia comienza a disminuir un poco mientras las comunidades de San Pablo Macuiltianguis de la Sierra Norte actúan en una de las danzas más memorables de la noche.  En el Torito Serrano, niños y niñas jóvenes luchan en una guerra amigable de toro y matador. Los toros (las niñas) atacan al matador (los niños), tratan de tirarlo al piso y llevarlo fuera del escenario. La multitud suelta carcajadas cada vez que el matador se resbala y cae en el escenario mojado, pero este persiste en perseguir a su toro una y otra vez.

Mientras los danzantes de Miahuatlán de Porfirio de la Sierra Sur se aproximan al escenario en una persecución de coquetería, una lenta melodía se transforma en rasguidos de violín. Las mujeres de Tuxtepec de la región del Papaloapan arrojan piñas enteras a la audiencia, volviendo locos a sus seguidores tratando de esquivar la fruta, más que atraparla.


La Comunidad de San Melchor Betaza mostrando sus bailes tradicionales en la Guelaguetza

Más allá de lo que está sucediendo a la cima del Cerro del Fortín, las comunidades siguen compartiendo sus tradiciones. Turistas y locales por igual, pueden visitar varios pueblos alrededor de la ciudad de Oaxaca, quienes presentarán sus propios festivales de danza. La ciudad misma está iluminada con desfiles, bandas, figuras gigantes de papel maché, comida oaxaqueña de nivel mundial, productos artesanales y hasta un festival de mezcal. La gente camina en las calles desde que amanece hasta que anochece, regularmente sin quitarse su sombrero de paja tradicional decorado con un listón rojo donde se lee “Guelaguetza 2009”. Un evento que no te puedes perder, es la elección de la diosa Centéotl llevada a cabo en el jardín “El Pañuelito”, en donde la ganadora será quien demuestre el mayor conocimiento sobres las tradiciones de su comunidad y es elegido para representar la ceremonia de apertura de la Guelaguetza junto con el Gobernador. La Guelaguetza, ciertamente se ha transformado en un importante atractivo turístico, trayendo espacios de exposición a la ciudad y un impulso a su economía.


En este Boletín encontrarás:


Estimad@s amig@s y asociad@s de la Fundación.

Guelaguetza, una fiesta de orgullo oaxaqueño.

Habla: La voz de la comunidad.

Reconocimiento del Mes.

Cultura y tradición se unen en Plaza 8 Regiones.

Proyecto del Mes.

Desde Huautli hasta Alegría.

¡ULTIMA OPORTUNIDAD!, Agenda Ejecutiva Ilustrada 2010 Edición Limitada.



Reconocimiento del Mes


Ana Vásquez Colmenares

Cada mes la Fundación Comunitaria Oaxaca estará reconociendo a consejeros, voluntarios, y otros individuos, quienes con su tiempo y dedicación apoyan el trabajo de la Fundación Comunitaria Oaxaca en la consecución de sus logros.



Proyecto del Mes

Unión de Comunidades de Producción, Industrialización y Comercialización Agropecuaria de R.I., Kiat Nuu

Kiat Nuu, centra sus esfuerzos en la comercialización de productos agrícolas locales.



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